Lun. Ene 19th, 2026

¿Un Rímac navegable y turístico? El ambicioso plan para recuperar el “río hablador” y devolverle el esplendor que tuvo hace siglos

Durante siglos, los valles de Lima formados por los ríos Chillón, Rímac y Lurín reverdecían este desierto costero y fueron venerados por sus antiguos pobladores. En sus márgenes, construyeron un estilo de vida: los ríos les daban los frutos de la tierra y del agua para vivir. La cultura Lima, por ejemplo, se desarrolló en los valles del Chirilú (como se conoce a las cuencas hidrográficas del Chillón, Rímac y Lurín).

“Se asentaron en esta zona desértica a través de una ingeniería hidráulica que consistió en la canalización de sus ríos. El canal de Surco todavía existe. Nacía del río Rímac atravesando lo que es actualmente El Agustino hasta Chorrillos”, explica Ana Claudia Reinoso, historiadora de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Otro canal prehispánico fue el Huatica, que cruzaba el actual Centro Histórico hasta San Isidro. Los ychsmas también hicieron uso de esta ingeniería hidráulica para regar las tierras, principalmente en los valles del Rímac y el Lurín; posteriormente lo hicieron los propios incas.

Según la historiadora, las sociedades prehispánicas tenían una lógica distinta a la nuestra, pues siempre estuvieron vinculadas a los ríos. “No solo existe la idea de que el río habla —por algo al Rímac se le conoce como el río hablador—, sino también de que el río limpia; por eso construyeron sus santuarios donde el río nace o por donde pasa, como ocurre con Pachacámac, ubicado donde ‘muere’ el río Lurín”. La experta subraya, además, que la riqueza de estos valles fue determinante para que Francisco Pizarro fundara la capital en este territorio.

Pero hoy estamos prácticamente divorciados de aquel respeto prehispánico por nuestros ríos. Lima se fue delimitando y expandiendo de espaldas a ellos. Dejaron de ser sagrados para convertirse en receptores de los desechos de una población en permanente crecimiento desordenado y al borde de la escasez.

Basta acercarse a ciertas zonas del río Rímac —el mismo que abastece de agua a la ciudad— para encontrar desmonte, infinidad de llantas, desechos fecales y hasta peligroso material médico e industrial. El río Chillón, que abastece al sector agrario, proporciona agua potable a zonas de Lima norte y produce parte de la energía de la capital, también está contaminado y con sus fajas marginales invadidas.

El río Lurín, de menor caudal, es esencial para la recarga de aguas subterráneas que benefician a la agricultura y presenta igualmente índices de contaminación. Ninguno de los tres se salva, con excepción de sus tramos más altos y rurales, donde aún comienzan a nacer.

-El Congreso de Perú publicó la Ley N.º 32523, que modifica el Código Penal (Decreto Legislativo N.º 635), en la que se castiga con penas de 2 a 4 años de cárcel el arrojo de residuos sólidos en cauces naturales (ríos y quebradas), que pongan en riesgo la vida y la seguridad de la población.

-Si se usan camiones u otra maquinaria pesada para arrojar los residuos o genere daño a obras de infraestructura pública, la pena será no menor de 4 ni mayor de 6 años.

Una luz al final del río

Para Mariella Sánchez, directora ejecutiva de Aquafondo, organización que trabaja con comunidades agrícolas y ganaderas ubicadas en las zonas donde nacen los ríos, sí es posible encontrar soluciones frente a la escasez de estos recursos. “Si gestionamos mejor nuestras cuencas, trabajamos de manera conjunta en la recuperación de los ecosistemas, usamos el agua de forma eficiente y planificamos con responsabilidad, podemos asegurar agua para el futuro”

En un recorrido con la Autoridad Nacional del Agua (ANA) por el río Rímac, el ingeniero Juan Muñoz, administrador local del agua, nos muestra algunas de las acciones que impulsa esta institución para revertir los principales problemas de nuestros ríos. Llegamos a la Asociación Roca de Sarón, en Ate, donde, con apoyo de los vecinos, se ha reforestado casi un kilómetro de la faja marginal. “Son zonas intangibles; buscamos evitar las invasiones y recuperar espacios donde había covachas o crianza de animales”, sostiene Muñoz. Se trata de un trabajo articulado con municipios y otras autoridades.

Vecinos de la Asociación Roca de Sarón disfrutan de la zona recuperada y reforestada del río Rímac. Este espacio funciona como un mirador y un espacio de entretenimiento.

Aquí se han plantado pinos, eucaliptos e higueras. Gracias a las flores, hoy llegan abejas, colibríes y distintas especies de aves. “Nos ha cambiado la vida, porque ahora podemos disfrutar de la sombra de las plantas y del ecosistema. Volver a escuchar a las aves cantar por las mañanas y al río es lo más hermoso que uno puede tener”, nos dice Víctor Roca, vocal n.° 2 de la asociación. Hoy tiene 37 años, pero recuerda que, cuando era niño, podía pescar pejerreyes y peces de colores junto a su padre. “Había puras chacras y en el río se formaban lagunas para pescar”.

Víctor Roca comparte con su madre y su hermano en la zona reforestada del río Rímac por la Asociación Roca de Sarón, en Ate, en el km 14 de la carretera central.

Llegamos a Ñaña donde se identificó un punto crítico del río Rímac. Las lluvias han comenzado y para evitar desbordes durante estos meses se realizaron trabajos de limpieza y descolmatación preventivos, un trabajo que se realiza cada año. Ver un pedazo del Rímac limpio y protegido, es una luz al final del túnel:“Así se evita un desborde que afecte a la vida humana o la agricultura”, comenta Muñoz. “Se terminó el año con el trabajo en 57 puntos críticos a lo largo de 50 km en coordinación con los alcaldes, beneficiando a 72 mil peruanos que viven en los márgenes. Se está trabajando también en el río Lurín y estamos por entrar al río Chilca”.

El ingeniero Juan Muñoz, administrador local del agua de la ANA, nos muestra los trabajos de limpieza y descolmatación en un punto crítico del río Rímac. Al lado derecho, la faja marginal, un espacio que no puede ser invadido ni contaminado de ninguna manera.

El titular de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), José Musayón, señala que existen varios planes en marcha para la recuperación de los ríos del país. “Venimos delimitando las fajas marginales a lo largo de todo el Perú y este año nos hemos propuesto completarlas al 100% en los ríos Rímac, Chillón y Lurín. Es un trabajo compartido con otras autoridades, como municipalidades y gobiernos regionales”, explica. Además, celebra una noticia que comenzó a circular en diciembre del año pasado: “Ha salido una ley importantísima que penaliza con pena de cárcel a cualquier persona o empresa que contamine el río con una pena de hasta dos años y si usan volquetes o maquinaria la pena sube entre 4 a 6 años”, sostiene el jefe de la ANA respecto a esa mala costumbre de arrojar de residuos sólidos a los ríos de país.

Fotografía de 2003 en los humedales de Ventanilla, ubicados en la parte baja de la cuenca del río Chillón.

Por otro lado, Musayón detalla el plan maestro para la restauración y recuperación del río Rímac, que busca convertirse en un modelo replicable en otros ríos del país. El proyecto plantea recuperar la calidad del agua del principal río de la capital en los próximos diez años, así como su caja hidráulica, y transformarlo en un atractivo turístico. “La idea es embellecer sus márgenes, incluso hacerlo navegable por tramos, y que no tenga nada que envidiarles a los ríos de Europa”, afirma con entusiasmo, destacando el potencial del Rímac no solo para los peruanos, sino también para quienes visitan el país.

Aunque suene aún lejano, ¿por qué no soñarlo y exigirlo? Al margen de cualquier iniciativa, nos hace mucha falta como sociedad para recuperar ese amor por la naturaleza que todavía nos rodea, ser agradecidos con ella y aprender a mirarla con el respeto que le tuvieron nuestros antepasados. 

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