En el complejo tablero de la economía e inversión peruana, existe una herramienta que ha logrado algo que muchos consideraban imposible: alinear los intereses de la caja fiscal con la agilidad del sector privado. Se trata de Obras por Impuestos (OxI), un mecanismo que desde 2009 permite a las empresas privadas adelantar el pago de su impuesto a la renta para financiar y ejecutar proyectos de inversión pública prioritarios.
A inicios de febrero de 2026, la Agencia de Promoción de la Inversión Privada (Proinversión) informó que el mecanismo de OxI cerró el primer mes del año con un marcado dinamismo en la adjudicación de proyectos: 42 intervenciones por un monto total de S/681 millones, marcando una creciente participación de la empresa privada en el desarrollo de infraestructura pública. Haciendo una rápida comparación, el monto adjudicado en el primer mes de este año supera en más de siete veces el resultado registrado en el mismo mes de 2025, cuando se adjudicaron ocho intervenciones por un total de S/ 94 millones. A diferencia del esquema tradicional, aquí no hay dinero en efectivo que pase por manos municipales de forma directa para la construcción, sino una gestión directa de la empresa ejecutora que garantiza que cada sol se transforme en ladrillo, cemento o tecnología.

Comunidades transformadas
El impacto de OxI no se mide en reportes macroeconómicos, sino en la calidad de vida de las regiones. Casos emblemáticos demuestran que la llegada de colegios y hospitales bajo esta modalidad cambia el destino de miles. Los resultados son palpables, sobre todo en dos aspectos:
- Educación: Los colegios que antes eran estructuras precarias ahora cuentan con laboratorios de robótica y conectividad de alta velocidad. Uno de los mayores éxitos de OxI ha sido la construcción de los Colegios de Alto Rendimiento (COAR), gracias a empresas del sector minero y bancario que han liderado la edificación de estas sedes en regiones como Áncash, Ica y Piura. Antes, los alumnos más destacados de provincias debían migrar a Lima para acceder a educación competitiva. Hoy, cuentan con residencias, laboratorios de biotecnología y aulas inteligentes en su propia región. Un dato relevante apunta que la brecha de infraestructura educativa podría reducirse hasta un 20% más rápido bajo OxI que mediante la obra pública tradicional, gracias a que el equipamiento tecnológico se entrega instalado y operativo desde el día uno.
- Salud y Saneamiento: La ejecución de plantas de tratamiento de agua potable ha reducido drásticamente la anemia y enfermedades infecciosas en comunidades rurales, donde el Estado central tardaba décadas en llegar. El caso del Hospital de Huari (Áncash) o el Centro de Salud de San Juan de Yanac (Ica) son referentes. Bajo el esquema tradicional, estos proyectos solían quedar “trabados” por deficiencias en el expediente técnico. Al ser ejecutados por empresas privadas con estándares internacionales, se garantiza no solo el casco urbano, sino la cadena de frío para vacunas y sistemas de telemedicina. Uno de los resultados más importantes es que se ha logrado reducir la tasa de mortalidad materna en zonas de influencia minera gracias a que la atención de emergencia ahora está a 20 minutos y no a 6 horas de viaje. En cuanto al saneamiento, en distritos como Yarabamba (Arequipa) o zonas de Moquegua, el mecanismo OxI ha permitido financiar plantas de tratamiento de agua potable (PTAP) que el presupuesto municipal no podía cubrir de golpe. El acceso a agua segura las 24 horas del día ha disminuido en un 15% las enfermedades gastrointestinales infantiles en estas comunidades.

Contra las obras paralizadas
El gran cáncer de la inversión pública en el Perú ha sido históricamente la obra abandonada. Sin embargo, el modelo OxI presenta una tasa de continuidad envidiable.
La eficiencia privada en la contratación y supervisión elimina los incentivos para las adendas interminables. Al ser la propia empresa la interesada en liquidar su certificado de inversión los plazos se cumplen rigurosamente, sin burocracia de por medio.
Esta agilidad operativa asegura que las obras se entreguen en tiempo y forma, evitando el costo social de tener elefantes blancos a medio construir.
De acuerdo con la información oficial actualizada al primer mes de 2026, la proyección para el cierre del año asciende a S/3,099 millones en adjudicaciones. De concretarse, las cifras consolidarían al mecanismo de OxI como una de las principales modalidades de ejecución de inversión pública con participación empresarial, indicó hace un par de semanas la subdirectora de la Dirección de Inversiones Descentralizadas de Proinversión, Dolly Lozano.
La inversión histórica de OxI, desde su implementación en 2009, acumula 1,130 intervenciones adjudicadas por S/17,544 millones, con una cartera sostenida de proyectos en sectores clave como educación, salud, gestión institucional y servicios urbanos.
Ecosistema de desarrollo regional
La inversión mediante OxI genera un efecto multiplicador inmediato, impactando positivamente en el empleo local, la cadena de suministros y la capacidad de gestión. La mano de obra no calificada proviene directamente de la zona de influencia, inyectando capital a las familias locales. Se dinamizan los pequeños negocios como ferreterías, servicios de alimentación y logística regional. De otro lado, los gobiernos locales aprenden de los estándares de calidad del sector privado, elevando la vara de la gestión pública.
Para este 2026, el debate sobre la relevancia de las OxI se centra en hasta dónde puede llegar. El enfoque prioriza el mantenimiento de la obra, es decir que ya no solo se trata de construir, sino de asegurar que la infraestructura sea sostenible por décadas. La innovación tecnológica es otro punto importante y se refiere al financiamiento de centros de innovación y digitalización de servicios ciudadanos o Smart Cities. En cuanto a seguridad ciudadana, la implementación de centrales de videovigilancia con inteligencia artificial sería una opción interesante ante la escasa respuesta del Estado.
En este contexto, las OxI y las Alianzas Público-Privadas (APP) ya no son esfuerzos aislados, sino que actúan como un frente unido. Mientras las APP se encargan de los megaproyectos de escala nacional —como puertos o metros—, OxI actúa como la solución a las necesidades urgentes de las provincias.
La sinergia entre ambos modelos está permitiendo que el Perú mantenga su competitividad frente a otros mercados de la región, demostrando que cuando el Estado confía en la ejecución privada, el ciudadano es el que siempre gana.










