Mar. May 19th, 2026

La ONU advierte del “estancamiento” de la transición verde en los edificios y la construcción

La transición hacia una economía más verde pasa, en buena medida, por transformar la manera en que se construye y se habita. Mejorar la eficiencia de los edificios y reducir su huella ambiental es un objetivo ampliamente compartido por los Estados que firmaron el Acuerdo de París de 2016, pero que avanza con menor brío del esperado. Pese a que la intensidad energética de los edificios se ha reducido en un 8,5% entre 2015 y 2024, se trata de un porcentaje tres veces inferior al que debería haberse dado para cumplir con los objetivos marcados hace una década. Así lo señala el Global Status Report for Buildings and Construction 2025-2026 (informe de situación global de los edificios y la construcción), elaborado por Naciones Unidas y publicado este martes, donde advierte de que el sector de la construcción sigue fuera de la senda necesaria para llegar hasta la meta acordada, también en Europa, a pesar de los avances regulatorios registrados.

“El impulso se está estancando”, advierten los autores del informe al analizar el avance de las políticas de descarbonización, y señalan que las emisiones asociadas al uso cotidiano de los edificios siguen aumentando cuando deberían estar reduciéndose con rapidez. La crítica central del documento no apunta tanto a la ausencia de medidas, sino a su alcance. Las actuaciones emprendidas, subraya el texto, resultan insuficientes en intensidad y velocidad para corregir la trayectoria actual.

De hecho, el camino recorrido en la última década advierte de una mejoría notoria, aunque todavía ligera: a nivel mundial, la intensidad energética de los edificios —que mide el consumo anual de energía de un edificio en relación con su superficie— se ha reducido en un 8,5% entre 2015 y 2024. Sin embargo, este recorte debería haberse situado en el entorno del 25% (prácticamente el triple) para cumplir con los objetivos del Acuerdo. Aun así, en este mismo tiempo, las certificaciones de edificios verdes casi se han triplicado.

En esta misma sintonía de avance insuficiente se sitúa la representatividad de las energías renovables en el uso del suministro energético de los edificios. Si bien su cuota ha aumentado un 4,7% en la década analizada, hasta alcanzar el 17,3% en 2024, esto supone solo alrededor de una cuarta parte del incremento necesario durante ese período para mantener el rumbo hacia el objetivo de alcanzar emisiones netas cero para 2050. “La proporción de energías renovables en el suministro energético de los edificios ha aumentado con demasiada lentitud como para mantenerse alineada con los objetivos climáticos”, indican los autores.

El esfuerzo inversor desplegado por los Estados refleja la misma paradoja que atraviesa al conjunto del sector. Desde 2015 se han destinado 2,3 billones de dólares a mejorar la eficiencia energética de los edificios, una cifra elevada pero claramente insuficiente. El informe calcula que será necesario movilizar 3,6 billones adicionales antes de 2030 para reconducir la trayectoria hacia el objetivo de cero emisiones netas. En otras palabras, la inversión acumulada en eficiencia energética en la edificación deberá elevarse hasta los 5,9 billones de dólares en apenas un lustro.

Para lograr un avance mucho más significativo y acercarse a los objetivos marcados, el texto señala la necesidad de acelerar en la implantación de instalaciones solares fotovoltaicas, bombas de calor y redes de calefacción urbana para reducir las emisiones de las viviendas, al mismo tiempo que se mejora la seguridad energética y la asequibilidad. También que las normas de eficiencia energética en la construcción se encuentran entre las herramientas más eficaces para mejorar la eficiencia, reducir las emisiones y reforzar la resiliencia ante los efectos del cambio climático, como las olas de calor, las inundaciones y las tormentas.

Si bien a mediados de 2025 las normas de eficiencia energéticaen la construcción abarcaban alrededor del 60% de las nuevas construcciones a nivel mundial, su aplicación sigue siendo escasa en los países donde el crecimiento de la construcción es mayor. “La vivienda y el clima no son prioridades enfrentadas”, subraya el documento. “Cuando se diseñan juntas, se refuerzan mutuamente”.

Excepción europea

En el contexto global, Europa aparece como una excepción parcial. Es la única gran región que ha logrado reducir el consumo energético de sus edificios desde 2010: un 18% menos entre 2010 y 2024, gracias a estándares de eficiencia más estrictos y a un crecimiento más contenido del parque inmobiliario.

Algunos países han logrado avances especialmente llamativos en este tiempo. Es el caso de Suecia, Dinamarca, Grecia, Eslovenia o Finlandia, que han reducido las emisiones de los edificios entre un 57% y un 72% desde 2005, y podrían superar el 80% en 2030 si mantienen sus políticas actuales. La clave, apunta el informe, ha sido la estabilidad regulatoria, combinada con programas ambiciosos de rehabilitación y electrificación. Sin embargo, el informe advierte de que Europa no puede confiarse. El descenso del consumo energético no se ha traducido todavía en una caída suficiente de las emisiones, y el ritmo de renovación del parque existente sigue siendo insuficiente.

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