Lourdes Giusti, exdecana del Colegio de Arquitectos del Perú, advirtió que Lima enfrentaría un escenario extremadamente complejo si ocurriera un terremoto de gran intensidad, debido al elevado número de edificaciones levantadas sin asistencia técnica y la ausencia de una estrategia integral para reducir la vulnerabilidad de la ciudad frente a un eventual desastre.
Durante una entrevista con Canal N, la arquitecta recordó las proyecciones elaboradas con información del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) correspondiente a 2017.
Según esas estimaciones, un terremoto de magnitud 8.8 provocaría la destrucción de más de 353 mil viviendas en Lima y Callao, mientras que otras 623 mil quedarían habitables. El panorama, sostuvo, refleja la dimensión del desafío que enfrenta el país en materia de prevención.
«Prácticamente un millón de viviendas quedarían habitables. Ese es el tamaño del problema que tenemos por delante», expresó Giusti al explicar la magnitud de los daños que podría ocasionar un evento sísmico de gran intensidad.
El especialista señaló que aproximadamente el 70% de las construcciones existentes en el país se edificaron sin asesoría técnica, situación que impidió que muchas cumplieran con las exigencias de diseño sismorresistente establecidas en la normativa vigente.
Refuerzo estructural y prevención urbana
Frente a este panorama, Giusti recordó que el Ministerio de Vivienda cuenta con un bono destinado al reforzamiento estructural de viviendas vulnerables. El programa busca acondicionar un ambiente seguro dentro de los inmuebles para brindar mayores posibilidades de protección durante un temblor o un terremoto.
Sin embargo, la arquitecta demostró que el acceso a ese beneficio continúa siendo limitado por la cantidad de requisitos técnicos y administrativos que deben cumplir tanto los propietarios como las entidades responsables de ejecutar las intervenciones.
Desde su perspectiva, el procedimiento requiere una simplificación que permita ampliar el alcance del programa hacia las familias que viven en condiciones de mayor riesgo.
El especialista agregó que fortalecer únicamente las viviendas no resolvería el problema si el entorno urbano continúa presentando amenazas.
En ese sentido, explicó que desde el Colegio de Arquitectos impulsaron propuestas de «manzana segura», orientadas a intervenir integralmente los barrios mediante la estabilización de taludes, la construcción de infraestructura pública, espacios comunitarios y escaleras seguras que faciliten una evacuación ordenada durante una emergencia.
«De nada sirve reforzar una vivienda si encima existe una roca que puede caer sobre ella», afirmó la exdecana, al señalar que la seguridad depende tanto de la resistencia de las edificaciones como de las condiciones del terreno donde fueron construidas.
Otro de los factores que, según Giusti, incrementó la vulnerabilidad de Lima fue el tráfico ilegal de terrenos. La arquitecta sostuvo que esta actividad favoreció la ocupación de zonas consideradas de alto riesgo, muchas de ellas ubicadas en laderas o áreas inestables donde los riesgos de sufrir daños severos durante un terremoto aumentan considerablemente.
Por ello, planteó fortalecer las políticas de vivienda de interés social y desarrollar mecanismos más eficaces para impedir nuevas invasiones en sectores vulnerables.
Asimismo, propuso crear una unidad especializada que enfrente a las organizaciones dedicadas al tráfico de terrenos, con el objetivo de reducir el crecimiento desordenado de las ciudades.
Respecto a las edificaciones que ya fueron levantadas de manera informal, Giusti recomendó impulsar programas permanentes de reforzamiento estructural acompañados de asesoría técnica para las familias.
Recordó que las construcciones formales incorporan en los últimos años normas antisísmicas más exigentes, estudios de suelos, supervisión profesional y controles durante todo el proceso constructivo, condiciones que muchas viviendas antiguas y autoconstruidas no poseen.
Finalmente, el especialista instó a la población a prepararse antes de cualquier emergencia. Recomendó identificar los espacios más resistentes dentro de las viviendas, generalmente ubicados cerca de columnas, vigas estructurales y escaleras, además de contar con una mochila de emergencia y establecer un punto de reunión familiar.
También exhortó a consultar con profesionales cuando existan dudas sobre la seguridad estructural de los inmuebles y pidió que el próximo gobierno convierta la gestión del riesgo de desastres en una prioridad nacional mediante un trabajo articulado entre el Ejecutivo, los gobiernos regionales y las municipalidades.
El debate sobre la preparación del Perú frente a un gran terremoto volvió a cobrar fuerza tras el devastador terremoto doble registrado recientemente en Venezuela.











