Lun. Ago 8th, 2022

Durante las madrugadas, los pasillos del aeropuerto Jorge Chávez se transforman en territorio de campamento. Pasajeros peruanos y extranjeros yacen en el suelo, producto de la falta de asientos, aguardando su vuelo. Esperan el abordaje enojados, algunos por el retraso, la mala noche, el check in al que no llegaron, la demora de los automóviles al ingreso del terminal y las reprogramaciones de los vuelos a causa de los fenómenos climáticos.

El jueves 14, en el segundo piso del terminal aéreo de Lima, que en el 2017 fue reconocido como el mejor de Sudamérica, los hermanos Carlos y Eduardo Alva pernoctaron durante cinco horas en el piso. Cuando el reloj marcó las cuatro de la mañana y los miembros de seguridad comenzaron a acercarse, ellos despertaron, se pusieron de pie y, evadiendo la vergüenza, exclamaron: «¡Es injusto estar así! ¿No se supone que este es el mejor aeropuerto de Sudamérica?».

Los dos hermanos no se veían hace un año. Por eso se reunieron a inicios de febrero en Santiago de Chile, territorio donde reside Carlos Alva por razones laborales. Ambos son natales de La Libertad y decidieron visitar Trujillo este mes, pero nunca esperaron atravesar estas dificultades.

«El último vuelo que salió fue de escala económica a las 10:30 de la noche, hora chilena, y hemos llegado a Perú a la una de la mañana. Ahora necesitamos ir al norte, pero el primer vuelo sale a las seis. Es la primera vez que hago esta escala y, lamentablemente, no tengo otra opción. Tengo que esperar porque me sale más barato», explicó Carlos, quien comparó el aeropuerto Jorge Chávez con el de Santiago: «Ahí el terminal es más grande y las pantallas dan mejores indicaciones a los usuarios. Aquí no».

En caso de su hermano, Eduardo –quien es el mayor– criticó que el aeropuerto capitalino no tenga una segunda pista de aterrizaje. Contó que hasta el 2009 trabajó en el Callao, cerca de la avenida Gambetta, lugar por donde pasará la obra de ampliación del Jorge Chávez.

«Supuestamente los terrenos que estaban ahí ya tuvieron que ser expropiados, pero por retraso del Estado recién se hará la ampliación después de 15 años», criticó.

Una alternativa para ellos sería irse a un hotel y descansar, pero ninguno de ellos optó por eso. Alojarse en una ciudad abarrotada por la delincuencia amerita tomar precauciones. «No hay garantías», señaló Carlos Alva.

Queja similar tuvieron pasos más adelante Isabel Paredes y Hugo Rodríguez, pareja de esposos, quienes sobre una frazada tendida en la mayólica de los pasadizos del aeropuerto acomodaron a su bebé de menos de un año.

Paredes y Rodríguez habían llegado a la medianoche procedentes de Iquitos, tenían tres maletines enormes. «Por las vacaciones», dijeron sonriendo y confesaron que no abordaron un taxi en horario nocturno por dos razones: en el interior del aeropuerto las tarifas de traslado son altas y en los exteriores, en la avenida Faucett, la delincuencia asoma.

Ellos, al igual que los hermanos Alva, iban rumbo a La Libertad, pero la diferencia es que ellos prefirieron ir en bus. «Hemos amanecido aquí por el tema de la delincuencia. Realmente es desesperante. La seguridad aquí y a los alrededores debe mejorar. Debemos ir alterminal de Plaza Norte, pero no quisimos arriesgarnos por los ladrones que podrían haber allí», detalló Paredes, mientras abrigaba al bebé. Al amanecer se retiraron.

Y es que la rutina noctámbula en el aeropuerto, según las personas abordadas por este diario, es un esfuerzo draconiano que exige ser indiferente a la vergüenza, a lo que puedan decir el personal de seguridad, las aeromozas y turistas que pasen por tu lado mientras pernoctas y adaptas un espacio recóndito del terminal como una habitación.

Eso lo sabe Enrique Fernández, hombre piurano de 50 años que durmió cinco horas para arribar a Piura durante esa madrugada. «Me incomodan los cambios inesperados que hacen con las puertas de aborde. Si uno no conoce bien el lugar, puede perder el vuelo. Ya me ha pasado», manifestó antes de pasar por el check in.

A su lado, un joven y dos mujeres dormían. Solo una osó responder las interrogantes: ¿qué le parece el servicio?, ¿qué cree que debería mejorar? Su nombre es Silvia Núñez, de 40 años, ha venido de la selva con su familia y lleva ocho horas durmiendo incómoda. Narró tener hambre y confesó que guarda cautela debido a que considera que los precios de comida en el Jorge Chávez son excesivos. «Si no tienes plata aquí, fuiste», dijo ofuscada.

El perjuicio no solo es un lamento peruano, sino también extranjero. Nicolás Vidashe, un joven de 23 años que vino esa noche de Córdova, Argentina, esperó cuatro horas en el piso para subir a un avión que lo dirija a Chile. «En mi país no es así, ahí hay varios sitios para sentarse cómodamente. Por ejemplo, en el aeropuerto de Ezeiza tienen sillones donde se puede tomar una siesta», contó.

La única forma de pasar una madrugada decente, agregó, sería en el salón Sumaq VIP Lounge. Pero Vidashe no cuenta con una tarjeta Priority Pass para entrar allí. Y tampoco con los S/ 80 para pagar por el ingreso. Se resignó y sucumbió de sueño en el suelo.

Las quejas en el aeropuerto apuntaron a una sola premisa: el aeropuerto está colapsado. La única forma de darle oxígeno es mediante un nuevo terminal y una segunda pista de aterrizaje.

Inversiones y litigio

En ese punto las responsabilidades son compartidas por el Estado y el concesionario Lima Airport Partners (LAP) que administra el terminal desde el 2001. Justamente la madrugada que del 14 de febrero, la concesión cumplió 18 años.

LAP respondió que en todo el periodo que lleva de concesionario ha invertido US$ 455 millones «en modernizar el Jorge Chávez, donde cerca del 28% se refieren a inversiones no estimadas y generadas debido a la demora en la entrega de terrenos durante el periodo del 2009 a diciembre del 2018».

Ese año, LAP obtuvo de ingresos brutos un aproximado de US$ 589 millones 439 mil e invirtió US$ 10 millones en la «remodelación de zonas de llegadas nacionales».

Además, como parte del proyecto de ampliación, añadieron dos fajas adicionales para el recojo de equipaje destinando US$ 5 millones «para continuar mejorando la oferta».

Sin embargo, las cifras se contraponen a las quejas manifestadas por los pasajeros que exigen una ampliación.

Como se sabe, ese proyecto deberá quedar listo el 2022.

LAP invertirá allí US$ 1.500 millones y las obras se iniciarán en abril. Ahí nace un dilema jurídico puesto que la segunda pista de aterrizaje será construida sobre un espacio en litigio.

El Ministerio de Transportes (MTC) afronta un juicio contra la familia Valle Skinner por 60 mil metros cuadrados ubicados en la avenida Gambetta. Los afectados demandan ser expropiados de acuerdo a ley a cambio de un justiprecio.

«Es ilegal», dijo el abogado de los Valle Skinner, Enrique Ghersi, respecto a la construcción de una segunda pista sobre un terreno no expropiado.

Según el MTC, confiscó el territorio alegando que sus patrocinados donaron las hectáreas en 1961, pero Ghersi señaló que esta tesis es falsa.

Por eso el Poder Judicial les dio la razón a los Valle Skinner el año pasado, pero el MTC apeló. La próxima audiencia sobre este punto será en mayo, un mes después del inicio de las obras de la segunda pista de aterrizaje y el nuevo terminal.

lap

Por admin


Déjanos tu opinión!