La industria de la construcción continúa siendo uno de los pilares económicos en América Latina, no solo por su capacidad para generar empleo, sino también por su impacto en el desarrollo urbano y el impulso que ofrece tanto a la inversión pública como privada. Sin embargo, este dinamismo no está exento de desafíos que deben ser abordados de manera estratégica para asegurar su sostenibilidad a largo plazo.
Según un informe reciente de la aseguradora Chubb, el sector enfrenta una creciente presión operativa y financiera, especialmente para las constructoras. Esta situación exige una adaptación rápida al entorno cambiante, mayores inversiones en prevención de riesgos y una apuesta decidida por la digitalización y la tecnología.
“En América Latina, construir bajo presión se ha vuelto la norma”, advirtió Cristian Di Lorio, líder regional de Construcción en Chubb. Señaló que el aumento sostenido de los costos de materiales y mano de obra, sumado a la volatilidad económica y los cambios normativos, está comprometiendo la viabilidad de muchos proyectos en la región.
Pese a estos retos, las proyecciones para 2025 indican que la industria de la construcción superará los 700 mil millones de dólares en valor, con una tasa de crecimiento estimada del 5% hacia 2030, de acuerdo con datos de Mordor Intelligence. Esto revela un potencial de expansión, aunque condicionado por diversos factores de riesgo.
Uno de los principales desafíos identificados en el reporte es de tipo económico y financiero. La inflación persistente, la devaluación de las monedas locales y las altas tasas de interés encarecen los insumos y limitan el acceso a créditos. Estas condiciones crean un entorno de incertidumbre que complica la planificación y ejecución de obras.
El cambio climático representa otro factor de alto riesgo para el sector. Fenómenos como terremotos, inundaciones y huracanes no solo amenazan la integridad física de los proyectos, sino que también provocan interrupciones en la cadena de suministro y aumentan considerablemente los costos. A ello se suma el endurecimiento de normativas ambientales, que obligan a cumplir con estándares más exigentes en sostenibilidad y eficiencia energética.
El informe también subraya la influencia de la inestabilidad política en la región. Cambios frecuentes en las leyes laborales, ambientales y de seguridad generan un entorno regulatorio impredecible, elevando los requisitos técnicos y legales en cada nueva obra. Esta situación desalienta la inversión y eleva los costos operativos para las constructoras.
Finalmente, en el ámbito tecnológico, el documento alerta sobre el rezago en la digitalización del sector en América Latina. Aunque ha habido avances, estos son todavía limitados, y el riesgo de ciberataques crece conforme se integran nuevas herramientas de gestión. Asimismo, persisten problemas estructurales como deficiencias en infraestructura básica, escasez de insumos y personal calificado, además de una siniestralidad laboral aún elevada. Frente a este panorama, Chubb recomienda fortalecer alianzas estratégicas y adoptar una visión de resiliencia que permita enfrentar los riesgos emergentes.